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El Castillo de Bejís

EL CASTILLO DE BEJIS

José Vicente Cifre Fornas.

 

 

Cuando se acerca uno a Bejís por cualquiera de los caminos que llevan a él, impone la gran mole del castillo que, coronando el cerro en que se asienta el pueblo, muestra los restos de un esplendor pasado.

Visto desde abajo se aprecian torreones y volúmenes que no son fáciles de identificar cuanto se está sobre el solar que ocupó la fortaleza. ¿Cómo pudo ser nuestro castillo?. Indudablemente que en cada época fue adaptándose a las necesidades de sus moradores. Los iberos lo habitaron hasta hace unos dos mil años en que la cultura romana levantó unos muros sobre los que se asentarían argamasas árabes y luego cristianas.

Importancia tuvo cuando hasta el Califa de Marraquex, en Maruecos, llegó la noticia de su pérdida, en 1228, a manos de D. Pedro Fernández de Azagra, vasallo de Jaime el Conquistador, siendo la primera plaza del reino moro de Valencia que pasó a manos aragonesas.

En 1245, el rey D. Jaime lo donó a la Orden de Calatrava, que instituyó una Encomienda. El titulo de Gran Maestre de la Orden lo reclama para sí Fernando el Católico y, en 1523, ésta propiedad, junto con 83 encomiendas más, 350 pueblos y caseríos y las dos grandes de Alcañiz y Calatrava pasan a engrosar el patrimonio real, derecho reconocido por el papa Adriano VI. A partir de este momento un alcaide y una pequeña guarnición administran para el rey bienes y propiedades.

En 1554, siendo comendador Bernardino de Mendoza, se contrata a Pedro de Cubas, Alonso La Cuesta y Pedro de Ribas para realizar reparaciones en el castillo. En 1709, en plena Guerra de Sucesión, se instalan en él tres compañías de soldados, y en 1838 se refugian en el mismo partidarios de D. Carlos de Borbón, que son expulsados en 1840; en 1938 vuelve a ser escenario de acontecimientos militarescon la llegada del frente a Bejís, en plena guerra civil.

A la hora de imaginar cómo fue nuestro castillo, nos hemos basado en descripciones de 1610 y 1734, en los dibujos de Manfredo Fonti realizados antes de la batalla carlista y conservados en el Archivo Geográfico del Ejército, y en la inspección ocular de la orografía del terreno, los restos que todavía permanecen en pie y el volumen de los escombros, a pesar de que muchas de las piedras o han caído o han sido reutilizadas.

Estuvo construido con sillares en los ángulos, mampostería y argamasa, observándose distintos tipos de mezcla y distintas formas de disposición de las piedras en función quizá de la época de construcción en las distintas partes o zonas, las rondas de la muralla, en 1580, estaban cubiertas de losas de rodeno y la cal y la piedra fueron los elementos más usados.

Se accedía por un empinado camino que, partiendo desde las últimas casas del pueblo, bordeaba el cinglo por encima del depósito de agua hasta llegar a la puerta que estuvo en la cara norte, la que mira al Paso del Toro (1), a la izquierda de la entrada queda la piedra del escudo, todavía visible hoy, y una vez dentro había un gran patio (2) y al fondo una construcción. Un segundo patio (3), cuatro metros más alto y separado del primero por puerta y muralla, albergaba caballerizas, herrería y almacenes, es donde hoy está la llamada "cisterna" (7).

Una tercera puerta daba a otro patio (6), dos metros más alto, por el que se accedía al núcleo o fortaleza en el que había una torre alta (4) y las zonas nobles en otra torre más ancha (5) que es donde situamos hoy la "cueva oscura", junto a la primera puerta.

Nueve escaleras comunicaban el camino de ronda con los patios. Este camino bordeaba la muralla exterior, que era más alta, y fortificaba en la parte recayente al pueblo, ya que era la de menor peniente. En la cara oeste, la que da sobre los Arcos, quedan vestigios de lo que fueron almenas.

La disposición de tres patios, permitida aquí por la disposición de la roca, era algo habitual pues si el enemigo franqueaba la primera puerta todavía quedaban otras dos murallas que atravesar haciendo más difícil la llegada al castillo propiamente dicho.

Las salas interiores, a las que se puede acceder, presentan bóveda de medio cañón, y un pasillo que hay junto a la "cueva oscura" tiene el techo plano en el que se ha utilizado el rodeno. El nivel de estas oquedades permite intuir que el suelo está mucho más bajo que lo que pisamos, que otras salas quedan ocultas, que el escombro cubre pero no rellena del todo; y quizá alguna estancia más esconde el castillo, sobre todo en su núcleo principal, alrededor de la "cueva oscura".

Así pudo ser nuestro castillo en su época de esplendor, que tuvo sus puertas principales de madera recubierta con planchas de hierro, que tuvo capilla, todavía visible en 1734, y que goza en la actualidad de unas excelentes vistas, tanto sobre el valle del Palancia cmo sobre el río Canales, constituyendo una excelente atalaya en medio de los dos ríos y de un paisaje abrupto y montañoso.

Sirva este dibujo y estas líneas como una sugerencia de lo que fue en otro tiempo nuestro castillo y una aproximación más a nuestra historia. Hoy hemos de conformarnos con las vistas espectaculares, sus venerables ruinas y el imaginar cómo fue la fotaleza y cuáles sus usos.

 

(Publicado en el Programa de Fiestas Patronales de 1990.)

 

 

 

 

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