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Ajuntament de Bejís

Prehistoria e Historia Antigua de Bejís.

Bejís

PREHISTORIA E HISTORIA ANTIGUA DE BEJIS.
Vicente Palomar Macián.

 

Bejís, la antigua Bexix, también identificada por diferentes autores con la celtibérica Bergis, la Etobesa de Ptolomeo o la Bélgida de Apiano sin demasiados fundamentos, se halla enclavada en la cabecera del río Palancia, ocupando la ladera meridional de un elevado cerro enmarcado por este cauce y su afluente el Canales. Terreno áspero y montuoso cubierto de densa vegetación, encrucijada de caminos y culturas, Bejís ha sido testigo del trasiego de los diferentes pueblos que han ocupado estas tierras dejando en sus montes huellas dispersas, documentos mudos cuyo estudio nos permitirá conocer su historia primitiva y comprender su evolución en el tiempo.

 

 

El Acueducto de Los Arcos

Sin embargo, somos conscientes de que los estudios sobre la Prehistoria y la Historia Antigua de Bejís aún están en sus inicios. Salvo contadas excepciones, como los avances realizados por Alcácer Grau en los años 40 y alguna que otra investigación efectuada más recientemente, son muy pocas las noticias publicadas que permitan un acercamiento a este amplio espacio temporal. Además, como ya indicaba Alcácer en su trabajo "Exploraciones Arqueológicas en Begís", "...en mis exploraciones por toda esta comarca he hallado diversos vestigios de la industria humana, sílex, objetos de bronce, cerámica de varias épocas, etc. La labor destructora del tiempo y de los cultivos han hecho desaparecer estas primeras manifestaciones del hombre primitivo.". En cualquier caso, los inicios de la ocupación humana de este territorio nos son aún desconocidos, si bien podemos suponer que, como es habitual en otras zonas de características semejantes, los grupos humanos paleolíticos frecuentarían estos fértiles valles en busca de caza, pesca y recolección de especies vegetales, segmentos de la economía que constituían las bases de su alimentación. Las primeras fases documentadas se remontan ya a momentos postpaleolíticos, concretamente al Mesolítico (en torno al 7.000 antes de Cristo), periodo al que pertenecen las pinturas rupestres recientemente descubiertas en un abrigo de sus cercanías, únicas conocidas hasta el presente en todo el Alto Palancia y aún por estudiar en profundidad.

 

Tras este periodo, los yacimientos conocidos son también poco numerosos, aunque ello se deba, más que a su ausencia real, a una falta evidente de prospecciones arqueológicas que saquen a la luz los numerosos vestigios que deben existir en este amplio espacio geográfico. Alcácer, en sus "Exploraciones" ya mencionadas, nos habla de algunos de estos primitivos emplazamientos, como el del Puntal del Turco, pequeña elevación situada junto al barranco del Berro cerca de la Masía del Collado, clasificado por él como Neolítico, en donde localizó superficialmente "...una punta de flecha y varios cuchillitos, todos ellos de sílex blanco".. De la Edad del Bronce (1800 - 1000 antes de Cristo) conocemos un mayor número de asentamientos, como corresponde a un periodo en el que se detecta un incremento notable de los poblados localizados en la comarca por causa de un reconocido aumento demográfico y de la existencia de nuevas pautas de ocupación del territorio por parte de una población dedicada a la agricultura cerealística y a la ganadería de la cabra y la oveja. Alcácer menciona como yacimientos adscribibles a esta fase cultural los de Pedrizas del Cerro, cerca de la Masía de Los Pérez, en donde sitúa un poblado que "...forma una replaza como escalón entre la cumbre y el barranco de Pinel, defendido por fuertes escarpes...", en el que recogió "...cerámica lisa, basta, espatulada, hecha a mano; otra de cordones en relieve, percutores, gruesos cantos con señales de fuego, abundantes cenizas y un molino barquiforme. Tenemos noticias de haberse encontrato en el lugar un punzón de bronce ...". También menciona, aunque fuera del término municipal de Bejís, los yacimientos de la Cueva Murciénaga (Sacañet), Peña Bruñil y la Peña de la Dueña (Teresa), este último excavado parcialmente por él mismo y publicado en 1946. Más recientes son otras noticias referidas a este mismo periodo cultural, consecuencia de las prospecciones arqueológicas realizadas en la zona por A. Moriel. Efectivamente, este autor menciona la obtención de restos de la Edad del BRonce en la partida de La Solana, muy deteriorados por los agentes atmosféricos, y en diversas cavidades cercanas a la población como la de La Purna, la Cueva Pequeña y la conocida Cueva de los Encantados, todas ellas localizadas en la partida de Las Cuevas, o en la del Mardano, esta última situada en La Loganilla, junto al barranco de Los Macianes. Entodas se recogieron fragmentos de cerámica hecha a mano típica de este periodo cultural que indicaría, si no la existencia en ellas de enterramientos, la utilización de estas cuevas por grupos de pastores que las emplearían como cavidades-refugio ligadas a los movimientos estacionales del ganado, tal y como sucede en otras similares repertidas por todo el Alto Palancia y especialmente en la cercana zona de Sacañet. Tras la Edad del Bronce, la Epoca Ibérica trae consigo el afianzamiento poblacional de la zona con una dedicación que seguirá siendo agrícola y ganadera, y una pauta de poblamiento similar a la fase anterior, a base de asentamientos dispersos de pequeño tamaño. Los yacimientos de este periodo son también abundantes, la mayor parte de ellos ya reconocidos por Alcácer en sus investigaciones: junto a la Masía del Collado, en Hoyata, localizó abundante "...cerámica basta, gris, otros de rojiza sin decorar; un colgante y un fusayolo; un fragmento cerámico con la superficie toda de agujeros...", igualmente descubrió asentamientos ibéricos en la Garra de La Moza en El Turco (fragmentos de cerámica sin decoración y entre ellos una urna casi completa a la que falta el borde, y otros con decoración geométrica), en Carrasca Groda, en El Romeral y en el Alto del Losar, del que proceden "...dos vasitos ibéricos de pasta gris y otros tiestos de un vaso mayor de pasta rosada...". Se trata en todos los casos de poblados de escaso tamaño muchos de los cuales, como veremos, perduraron en la época romana. También habría que incluir aquí el hallazgo fortuito de La Purna, consistente en una urna del tipo "Cruz del Negro" datable entre los siglos VI y V antes de Cristo conservada en el Museo, y el mismo cerro del Castillo entre cuyos escombros se han hallado, según antiguas noticias, fragmentos de cerámica ibérica que indicarían el emplazamiento de un primitivo poblado cuna de la actual población.

 

 

Pero, sin duda, es el periodo de dominio romano el que ha acaparado más la atención de investigadores y sobre todo el que se ha realizado un mayor número de estudios. La romanización de la zona estaría ligada, además de a las propias condiciones del valle, fértil y con abundantes fuentes y manantiales, al paso de una calzada secundaria citada por diferentes autores que comunicaría el valle de Liria con el área del Ragudo, en donde enlazaría con la vía que desde Saguntum se dirigía a Bílbiles (Calatayud) y Caesaraugusta (Zaragoza) atravesando el valle del Palancia. Alcácer menciona un fragmento de dicha calzada “…entre la llamada Peña Chiquín y el caserío de Las Ventas, habiendo desaparecido recientemente por el trazado de una trinchera”. Este trozo, según el autor, debería seguir ascendiendo hacia unas partidas llamadas de La Atalaya o Los Planos, dirigiéndose a continuación hacia El Toro o Barracas. Aparece de nuevo el empedrado “…como si hubiera enlazado con el anterior en la margen derecha del Palancia y sigue ascendiendo hacia Begís por bajo de la Peña de la Horca”.

 

 

También se observan algunos restos en el llamado “camino romano de Liria”, junto a la carretera de Bejís a Canales, en la parte del llamado Puntal del Rincón del Monjo (en donde se distingue en un trayecto bastante largo el empedrado con huellas del paso de carros), en la Masía de Los Pérez, junto al caserío del Ventorrillo y a la entrada de Alcublas. Todos estos datos, indica el autor “…nos hacen suponer la existencia de un camino romano que, procedente de Liria, pasase por Casinos (…) y siguiendo bien hacia Alcublas o bien hacia el Villar por el llamado camino de la Vuelta Larga, que hemos recorrido en parte, observando restos de empedrados y huellas de carriladas, se dirigiría luego a Andilla, Canales, Begís, a buscar el enlace con la vía romana de Aragón”. Aclara, no obstante que “…aunque no nos atrevemos a asegurar que tales caminos sean romanos, es indudable que atraviesan lugares donde hubo población romana, lo que, unido a la tradición, permite aceptar esta opinión con algún fundamento”. El ineludible Alcácer menciona en sus escritos el hallazgo de restos romanos en diferentes partes del término municipal de Bejís, como la Garra de La Moza ya nombrada, en donde recogió una base de terra sigillata con la marca Evbodi, en el Puntal del Turco, en el que localizó numerosos fragmentos de sigillata, de ánforas y de cerámicas de paredes finas, así como una fíbula de bronce del tipo Aucissa, y en el Cerrito de Alcaydón, en donde observó dos lápidas funerarias “empotradas en la pared de una serrería, al pie del mencionado cerrito” ya conocidas de antiguo y mencionadas por otros autores como Diago, Ponz, Pío de Saboya, Masdeu, Cean Bermúdez, Hubner o Sarthou. Mayor relevancia parecen tener los restos localizados en la partida de La Purna, también conocida como el Oliveral de la Iglesia, mencionada repetidamente por diversos autores. Así, Valcárcel habla de “…algunas ruinas antiguas y piedras que sirvieron para edificios romanos”. Huguet comenta la realización en este mismo lugar de unas excavaciones que habrían sido realizadas en fecha tan temprana como 1846 y que “…dieron como resultado el hallazgo de vastas ruinas, las cuales se presumió que fueron de un templo romano, y además halláronse aparte, bases de columnas y piedras con ornamentación a cincel…". Alcácer cita de nuevo este interesante yacimiento indicando presencia “…de muchas piedras labradas, algunas de gran tamaño, que indicarían la existencia de una edificación de cierta importancia”. Todo ello, junto a los abundantes fragmentos de cerámica, dolia, tégulas e incluso pavimentos de mosaico cerámico conservados en el Museo Municipal, lleva a confirmar la existencia en esta zona de una “villa” y con toda seguridad, como señala F. Arasa, de un edificio monumental relacionado con un mausoleo familiar al que pertenecerían las inscripciones y piedras localizadas hasta hoy. Habría que añadir a los yacimientos anteriores la elevación del Castillo, ya ocupado como veíamos en la época ibérica, de donde procedería una moneda de Cómodo que podría indicar, nos dice Arasa, “…su ocupación esporádica en época imperial, particularmente en momentos de inseguridad como el caso de mediados del siglo IV …” o incluso la existencia de una fortificación ligada a la defensa del valle y del paso por él de la vía que mencionábamos anteriormente. También es obligado mencionar como resto relevante el acueducto de Los Arcos, declarado Monumento Histórico en 1983, reconocido como romano por numerosas fuentes aunque sin base segura para confirmarlo a tenor de los estudios realizados en los últimos tiempos. Pero los restos romanos de Bejís más conocidos y mejor estudiados son sin duda las inscripciones funerarias localizadas en su término. Arasa recoge en un estudio reciente siete inscripciones que coinciden en líneas generales con las descritas por Alcácer y otros autores anteriores:

 

“A Mario Euschemo, de 37 años. María Urbana ha erigido (este monumento) para su marido incomparable”. Localizada en 1981 en la partida de La purna. Actualmente conservada en el Museo Municipal.

 

“Cornelia Placida, de 30 años, aquí está enterrada. Cayo Viccio Urbano, de 50 años, aquí está enterrado”. Tanto Diago como Varcárcel la vieron en la Masía de Alcaydón, en donde se conserva actualmente.

 

“Cornelia Proba, hija de Lucio, de 60 años, aquí está enterrada. Lucio Antonio Blastino, hijo de Lucio, de 70 años, aquí está enterrado”. Como la anterior, es conservada en la Masía de Alcaydón, en donde la vieron Diago y Varcárcer, empotrada en una pared.

 

“A los dioses Manes. A Cornelia Marcela, hija de Marcio, de 65 años. Lucio Antonio Plácido a su excelente madre”. Inscripción dividida en tres fragmentos de los que se conservan dos, uno de ellos en la Masía de Alcaydón y otro en el Museo Municipal. El otro fragmento, actualmente desaparecido, es citado por Alcácer quien lo vio empotrado en la pared en una zona de enterramientos.

 

“(…) Se(…) Caio Viccio Barcates, de 70 años, aquí está enterrado”. Según parece fue encontrada en el Castillo, con toda seguridad reutilizada en algún muro más reciente. Actualmente se conserva en el Museo Municipal.

 

“(…) de 50 años. Petronia (?) Crasilla (?) (…)”. Señala Alcácer que la inscripción consistía en “…un pequeño fragmento que perteneció a una losa descubierta al ensanchar el camino de Las Cuevas, la cual fue hecha a pedazos intencionadamente para utilizarlos en las paredes que limitan los campos, donde aún se hallan, pero sin dejar a la vista ninguna inscripción”. Actualmente desaparecida. Sobre la séptima inscripción, Alcácer la sitúa en el umbral de una casa, muy borrada, percibiéndose una A y otros débiles trazos sin posible lectura. Actualmente está desaparecida.

 

 

Recoge Arasa en su estudio que tanto alcácer como S. Mariner son de la opinión de que todas las inscripciones de Bejís pertenecerían a la misma familia. La onomástica, efectivamente, indica la existencia de lazos familiares entre los difuntos. Así, tres mujeres tienen el gentilicio Cornelia, dos hombres el gentilicio Viccius y otros dos con el gentilicio Antonius, lo que confirmaría la presencia de al menos cuatro familias con lazos de unión entre ellas. En definitiva, los datos que manejamos en este breve resumen permiten confirmar un importante poblamiento de la zona de Begís cuyos orígenes se remonta al menos hasta el Mesolítico. Tanto el Neolítico, como Edad del Bronce o la Epoca Ibérica son periodos perfectamente atestiguados por los restos conocidos, aún partiendo de la escasez de prospecciones arqueológicas realizadas en la zona hasta el momento, que sin duda aportarían un mayor número de yacimientos adscribibles a las diferentes etapas que hemos estudiado, y de la falta total de excavaciones (salvo la realizada por Alcácer en la Peña de La Dueña en los años 40), necesarias para establecer con exactitud la secuencia cultural de la zona. También la Epoca Romana, como veíamos, está claramente atestiguada tanto por los materiales arqueológicos recuperados en diferentes lugares del término, como por el importante número de inscripciones funerarias conocidas que conforman un conjunto epigráfico de gran interés para el estudio de la romanización en el Alto Palancia. Bibliografía. Alcácer Grau, J.: Exploraciones arqueológicas en Begís. Trabajos Varios del SIP, 10. Valencia, 1947. Arasa, F.: La romanización del Alto Palancia según la epigrafía. María de Luna, V. Excmo. Ayto.de Segorbe. Segorbe, 1991. Cean Bermúdez, J.A.: Sumario de las antigüedades romanas que hay en España. Madrid, 1832. Diago, F.: Anales del Reino de Valencia. Valencia, 1613. Feernández, M. y Moriel, A.: Una urna del tipo “Cruz del Negro” encontrada en Bejís. Cuadernos de Prehistoria y Arqueología Castellonenses,10. Castellón, 1984. Macián Lázaro, M.: Bejís y su patrimonio histórico. Boletín del CEAP, 1. Segorbe, 1984. Mariner Bigorra, S.: Notas de epigrafía valenciana. Archivo de Prehistoria Levantina, V. Valencia, 1954. Palomar Macián, V.: La Edad del Bronce en el Alto Palancia. María de Luna, VI. Excmo. Ayto. de Segorbe, Segorbe, 1994. Ponz, A.: Viaje de España. Tomo IV. Madrid, 1774. Sarthou Carreres, C.: Geografía General del Reino de Valencia. Provincia de Castellón. Barcelona, s.a. Varcárcel, A.: Inscripciones y antigüedades del Reino de Valencia. Memorias de la Real Academia de la Historia. Madrid, 1852- * Vicente Palomar Macián es Arqueólogo. Director del Museo de Segorbe. Artículo publicado en el bóletín del ICAP nº 3.

 

 

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